miércoles, 4 de enero de 2012

Cuando el dolor es moneda corriente






Uno le huye al dolor, a todos nos da miedo el dolor, propio y ajeno. Pero un día en algún momento, siempre tenemos que enfrentarnos al dolor.
Ciertamente mi vieja tiene que enfrentar una enfermedad compleja, avasallante, de características inciertas y dolorosas. Junto a ella estamos nosotros, mi viejo, mis hermanos y yo. Ella sufre sus dolores, nosotros la impotencia de no poder hacer más que escucharla y consolarla con palabras. Desde hace tres semanas ir al hospital es moneda corriente. Basta un llamado de mi vieja diciendo: Me duele o No puedo respirar, para que todos vayamos en caravana al hospital. En general son falsas alarmas, temas relacionados más al sistema nervioso que a su mal recientemente descubierto. Sin embargo todo ese movimiento va dejando marcas en la psique de cada uno de los acompañantes.
Siempre tuve la inquietud de la observación, desde muy pequeño me dediqué a observar todo cuanto acontecía entorno a mi. Para esa inquietud,el hospital es una fuente de inspiración.
Luego de varios días de entrar y salir de la guardia de un hospital, se abre un mundo nuevo ante los ojos atentos.
Llevábamos a mi vieja a la guardia y la espera,(forzada socia), te lleva a depositar la mirada en lo que pasa allí.
Entran baleados ensangrentados; borrachos rebeldes y buena onda; parejas discutiendo o peleando a puñetazos; madres, llorando a los gritos, con sus hijos en brazos con leves fiebres de 37.5; motoqueros accidentados hechos una bola de sangre, hombres bravos puteando y queriendo romper todo. Y una lista gigantesca de casos que incurren delante de tus ojos a velocidad incontrolable.
Al principio sentís el evidente choque, pues al menos en mi caso, no son situaciones en las que me sienta habituado, luego las incorporás a tu día, como si eso fuera parte tuyo desde siempre.

-Oxigena bien, cualquier cosa la traen de vuelta.
-Muchas gracias doctor, buenas noches...

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